martes, 28 de enero de 2014

Te quiero, lo siento, lo intento

A pesar de mis juegos. De tentarme, de ver hasta dónde llega mi poder. Interpretadlo como queráis. A pesar de las dudas, las noches llenas de preguntas y las lágrimas de frustración. A pesar de todo eso, le quiero. Posiblemente no como he querido antes, pero es que antes tampoco era lo mismo. No puede ser como las veces anteriores porque él no es ellos, y ellos no son él. Ellos son historias a guardar, de una forma u otra –aunque duela. O hasta que duela– y él es. Sigo sin saber cómo explicarlo. Hay veces en que los sentimientos brotan de esa forma tan complicada que ni los dedos sobre el teclado, ni la tinta sobre el papel son capaz de captarlos bien. O igual esto sea fruto de mi inexperiencia y sólo quiera susurrarle un 'te quiero' audible para todo el mundo. Un 'te quiero' que puede traducirse en un 'lo siento', 'lo intento', 'lo busco', 'juego', 'no sé cómo' y 'sé tanto...'. 

Y es que hay tantos defectos y cuando él sonríe parece que se van todos. Parece que hasta desnuda estoy protegida del vendaval de ahí fuera. No sé cómo escribirlo–quizás ni quiera– sin que suene a adolescente estúpida y romántica perdida. No me he perdido todavía –por si alguien lo dudaba– pero, por una vez en mucho tiempo, por un sencillo gesto, siento que tengo control sobre el corcel indomable de mi vida en ese aspecto. En el aspecto del amor, de las sonrisas tras un beso y las manos entrelazadas. 

Quiero decirte que he pasado mucho miedo. Que me he abierto a quien no debía y la puñalada por la espalda la he recibido de quien me miraba fijamente a los ojos casi como lo haces tú. Pero no tengo miedo, porque todavía no he aprendido demasiado bien eso del rencor. Por favor, mírame así a los ojos una vez más. Un infinito de veces más. Y espérame, que vaya contándote quién soy y cuál es mi historia, amor, pero con tiempo, despacio y pacientemente, que hace mucho que no juego de esta manera, y no quiero apostarlo todo a caballo perdedor.
domingo, 26 de enero de 2014



Nunca me salves

Que nunca te de por salvarme, que estoy demasiado rota. Enamorarte de mi es el peor error que puedas cometer, o la decisión menos acertada que puedas tomar. Me convertiré en la canción triste de tus mil y un noches pensando en mi. No quiero herirte, no quiero provocarte el mismo daño que me han hecho a mi. Supongo que, en parte, soy egoísta por permitirlo. 

Pero, por más que te lo pida, no intentes salvarme. Nada te asegura que el tenderme la mano no te arrastre conmigo a esos abismos de dolor. Me arrastro por los extremos del acantilado que termina en el mar enfurecido de mi pasado, sin decidirme a saltar. Nunca desearía eso para nadie, ¿Sabes? Pero sé que no soy la única a la que esto le ocurre. 

Soy como agarrar los cristales rotos de un espejo, de una ventana a través de la cual un pájaro enjaulado ha intentado escapar. Con esa apariencia de sonrisa tímida y felicidad absoluta, cuánto puede hacer una pequeña capa de... 

Simplemente, quería avisarte:
Nunca te enamores de una escritora,
y menos aún si tiene el corazón hecho pedazos
y mil folios dedicados a otra boca.


Hay cosas de mi que es mejor no saber, por lo que nadie las sabe mas que algún texto escrito y olvidado, que parecía captar, durante unos segundos, algo de mi esencia más sincera.

Y todo esto lo escribo sonriendo, queriendo besarte y arrancarte de la pantalla, para que no leas la advertencia, acaparadora de atención; lo escribo cantando 'Skinny Love' a solas en mi habitación. Observando por la ventana cómo los gorriones juegan a ser águilas.
Igual eso sea yo.
Un pequeño pájaro jugando a ser grande.


sábado, 25 de enero de 2014



Como un 'me marcho' sin irme

Salí de la ducha, y desnuda me dirigí a mi habitación. A medio vestir, me miré al espejo. Después me aparté de él y deslicé una mirada por la desordenada mesa, hasta fijarme en un pequeño llavero de un caballo de peluche. Sonreí, y una voz interior decidió en ese momento abrirse paso entre mis tristes pensamientos para golpearme un poco más de lo que la vida me había golpeado desde que me había despertado.

Mi cabellera húmeda me acariciaba la espalda, los pechos y el sentimiento más profundo del dolor. El móvil vibró y no me digné a contestar. Aquella voz interior volvió a gritar. Quería que la escuchase.

Tantas ansias por escapar para al final quedarte ahí, sentada, con esa mirada triste...
– Déjame en paz. – Respondí.
¿Por qué? Si es tan divertido... Mírate, desnuda, con el corazón sangrando. 
– He dicho que...
Que te deje. Lo he entendido. Pero he venido a ayudarte.

Rodé los ojos. Obviamente, no entendía el daño provocado desde dentro como ayuda. El simple hecho de recostarme en mi asiento frente al ordenador y observar la pila de sujetadores amontonados sobre la mesilla me hizo ver que en pocos días mi vida se había vuelto un desorden. 

Sabía que tenía que levantarme.
Sabía que.

En algún momento me levantaría y ordenaría. Me sentaría a estudiar. Sonreiría levemente. La voz interior gruñiría, inconforme.

Es una coraza, no estás ayudándote.
Es una coraza, y es lo único que puede ayudarme. – Contestaría yo, con cierto rentintín adolescente en la voz.

Se marcharía, y yo me quedaría desnuda pero vestida, triste pero feliz, me quedaría sin quedarme, como un 'me marcho' sin irme.






miércoles, 22 de enero de 2014



Carta a un corazón en duda

¿A quién engañas, pequeña escritorzuela? Sólo será a ti, porque tus monstruos se asoman bajo la cama con esa sonrisa maquiavélica cuando te miras fijamente al espejo y te convences de algo que sabes que no es verdad. Tantos 'ya no le quiero' dejan mella en los labios, pero no en el fondo del corazón. No haces más que abrir y cerrar ese cajón, no sabes en qué estante dejarlo, en qué palabras confiar y de cuáles no.

Todavía sonríes levemente al ver que te hablado. Ves esa sonrisa triste reflejada en la pantalla de tu smartphone. Coges el ordenador cuando ya estás en la cama si él es el que te llama para mostrarte alguna de sus tonterías. Y cuando recibes una carta siempre esperas ver su nombre en el remite. Cosa que nunca ocurre.

Cuando sueñas despierta, chica que se refleja en un espejo mentiroso de grandes verdades, de grandes interpretaciones teatrales. Él es los cojines arrojados al suelo, las piernas arañadas y los ojos rojos. Es las sonrisas de complicidad, las confianzas y las distancias rotas a través del cristal.

Aún sonríes al hacerle sonreír. Porque te importa, de una forma o de otra. No te hace falta interpretación. No hace falta saber qué pasa. Simplemente está ahí, esa puerta que a ratos cierra de un portazo y a otras se abre tímidamente, añorando. 

Yo, mi, me, conmigo,
tú, ti, te, contigo.
Nosotros, nos, juntos.
Fuimos la estrella más bonita aquella noche en el firmamento.
miércoles, 15 de enero de 2014



A mi me hieren palabras humanas

Cuando dibujé por primera vez no pude sino reírme de lo que había hecho. Nunca le he puesto realmente empeño a aprender, a parte de un par de tutoriales a la semana durante un tiempo, algún libro de dibujo prestado de la biblioteca y los típicos dibujos en las horas aburridas de clase. Sin darme cuenta, he llenado los márgenes del cuaderno de matemáticas, las últimas páginas de este, folios y folios que están escondidos en mi carpeta, junto a mis apuntes, de dibujos. Sin valor artístico, cabe destacar, pero con un valor sentimental que no me atrevería a menospreciar. 

Mi primer temor se ha iniciado hoy, cuando en la última media hora de la última clase del día he dibujado parte de mi historia, escondida tras un personaje ficticio, en un folio. Un monigote gracioso como el que tengo de icon en Twitter, nada más. Pero me he dado cuenta de cómo me hiere la realidad. De cómo la intento evadir con cada palabra, como si las sábanas fuesen un refugio válido. Las pesadillas vuelven, camufladas de sueños. Y yo vuelvo a escribir con el nudo en la garganta. Todo vuelve a ser como antes.

Y lo que yo quería decir era que a mi me hieren palabras humanas, como a todos, a pesar de que las coleccione y juegue con ellas a un juego donde acabo con el corazón hecho jirones y un par de líneas semi-decentes sobre el papel. Pero no hay de qué preocuparse, no me gusta contar mis heridas, como a muchos otros. 

Pero no estar bien no es nada malo.
Aunque, de cara al público, en este cristal siga poniendo 'I'm fine'.
jueves, 9 de enero de 2014



Nadie, peligro, quizás, tú, te quiero

Nadie me avisó de todo esto. Nadie me avisó cuando me hice mi primer blog, cuando me creé mi primera cuenta en Twitter, cuando hice la primera mención, cuando leí el primer blog ajeno. Nadie me avisó de las consecuencias cuando creé mi primer personaje sobre el papel, lo enamoré y lo suicidé. Nadie me avisó cuando empecé a leer y a leer a gente que, como yo, se escondía tras una pantalla plasmando palabras que a pocos importaban. Nadie me avisó cuando me importó por primera vez. Nadie dijo que era peligroso enamorarse de las palabras y mucho más enamorarse de los rostros que se ocultaban y rara vez se dejaban ver. Nadie me avisó de que imaginar besar unos labios que escribían a otra persona era tan peligroso.

Nadie y peligroso, como tú y yo. O como tú, y yo escribiéndote. Pero quizás sí sea cierto que el peligro sea lo mío y lo tuyo sea ser escrito, aunque ahora le escribas a otra y yo le escriba a otros labios, a otras sonrisas, a otros mundos.
Pero el mundo se callaba cuando yo escribía sobre ti. Y eso no ocurre con don nadies, eso es cosa de haber sido alguien. 

Pero nadie me avisó del peligro, yo sólo lo vi venir y acepté que debía dejarlo golpearme. Como la realidad pero con un sentido más poético. Quizás esta solo sea una forma de dar las gracias.

Nadie, peligro, quizás, tú.
Te quiero.

¿Cuántas palabras te hablan de mi? 
¿Cuántas palabras mías hablan de ti?
domingo, 29 de diciembre de 2013



Prólogo a las ensoñaciones

¿Me puedes explicar
cómo has hecho
para que con sólo oír tu voz
crea que
es
el cielo
el por mis dedos tocado techo?
El techo blanco
parece estrellado,
y entre las alas de mis manos
tu boca me ha disparado.
Has vuelto,
y he vuelto contigo,
y contigo me quiero ir,
¿Quieres fugarte conmigo?


domingo, 15 de diciembre de 2013



Vuelvo al juego

Esto fue escrito el día cinco de este mes. No corregiré repeticiones de palabras, pues aunque creo que requiere de revisión, ese momento de escasa perfección tenía más de Imperfección (personificada) que muchos instantes de mi vida.

Esta odiosa sensación de vacío. Antes sentía Tristeza. Ahora ni eso. Estoy estancada. La Felicidad parecía haber vuelto. Ahora es como el parpadeo incesante de una bombilla que se divierte entre la Luz y la oscuridad. Tomo decisiones que pueden marcar mis próximos meses; lo vuelvo a arriesgar todo; subo la apuesta; me juego la Vida a cualquier cara de esa rodante moneda. Parece que busco nuevamente el abismo; ¿Lo prefería a la estable sensación de estar a salvo?

Las lágrimas están dispuestas a no brotar. ¿Y si he olvidado cómo querer? Lo dudo. Pero he decidido aceptarme, curarme de las heridas que él dejó en mi. Cuando salgo ahí fuera veo sombras. Veo maldad. Y chillo. ¿Dónde quedó la hermosura del mundo?¿Dónde quedaron las sonrisas que no escondían maldad bajo la comisura?

Igual sólo necesito llorar. Gritar. Escapar. Y volver a mi onírica estabilidad emocional. 
Sigo pensando que podrán ser todo mentiras, pero yo seguiré creyendo en la cuasisinonimia de Amor y Dolor. 

No sé si quiero romperme o levantarme.


Estoy triste. Y quiero llorar. Para dejar de estarlo. Porque yo prometí ser feliz. O estarlo. Estarlo. Me repito. Lo escribo. Tengo que centrarme. Tengo que. Necesito.
Unas vacaciones estarían bien.

Pero, cómo no, tú sólo verás que mi texto está vacío.
Como yo.




Nótese la ironía de mi última línea.

lunes, 9 de diciembre de 2013



Bailando, a la sombra de un león

Vosotros no me habéis visto bailar en la cocina, conteniendo las lágrimas, bailar su canción preferida. 

Pronunciar todas las sílabas de la canción, con el deseo de llorar agolpándoseme en el corazón. 
Agradecía estar sola mientras la historia de un enamorado de la Cibeles sonaba en mi portátil, donde yo, supuestamente, estaba haciendo un trabajo a entregar mañana. En ese momento, en esos minutos de música, nada me importaba. Ahora tampoco me importa, mientras lo escribo, con las heridas reabiertas, pero unas más profundas que las que deja el Amor. Y no sé cuán difícil puede resultar eso.

No sé si alguien me escucha cuando grito en silencio, tampoco cómo de difícil resulta entender cómo me siento. 

Me da igual.
Ahora mismo
todo
TODO
me da igual.

Sólo le pido al mundo algo que no va a regalarme. Tráeme a mi ángel de vuelta, mundo, devuélvemelo. 
Joder.

Y otra canción. El hombre sentado al piano. Y yo deseando estar en su lugar, en un sitio con olor a alcohol barato y emociones rotas. Sólo para no estar aquí. Para no estar en ninguna parte. A veces, me gustaría desaparecer. Que nada pesase sobre mis hombros... Aunque realmente, pocos creen que nada pese sobre mi. Yo sí lo noto. Todas las mañanas, al despertar.

Y esbozar una sonrisa.
Porque te lo prometí, mi ángel.

(Lágrimas. Respiro hondo. Sigo escribiendo.)

Ojalá las cosas hubiesen sido diferentes. Creo que no puedo cambiar nada, no me arrepiento de nada. No me arrepiento de ser quién soy. No me arrepiento de estar usando "arrepentirse" tantas veces en una misma frase.  Pero ojalá.

Mi ángel.
Si me lees, que sepas (a pesar del Caos desatado en este escrito) que sigo en ello. Que mi camino se desdibuja (igual esto te recuerda a otra vez que te escribí, hace medio año) pero continúo trabajando en esa Felicidad que te prometí mantener.

Te quiere,
tu niña.


lunes, 2 de diciembre de 2013



Sobre chicas de Tinta

En quién te fuiste a fijar. En la chica que se pasaría bolígrafo en mano 24/7 y que se sonroja al ver que la observas. La chica que duerme con sus demonios entre las sábanas por Miedo a que se pierdan, o igual porque así los monstruos que duermen bajo la cama no se atreven a salir. La que escribe las palabras importantes con mayúscula cuando habla de sentimientos (y yo, que sigo escribiendo ‘Luz’ con ‘L’ y oscuridad con ‘o’...).  Diste con la chica con una historia a cuestas que a veces parece querer tumbarla y hacerla pedazos. Y no, no hablo de mi. Hablo de muchas muchachas de ojos tristes que escriben sin tener a alguien que las escriba. Multitud de las que llevan ojeras y no las maquillan, de las que maquillan el Dolor que portan en las venas.



Sólo espero estar dándoles voz de la forma adecuada.



Pero es que es desgarrador oírlas (oírme) en su silenciosa forma de discurrir por lugares públicos como si nadie las viese mientras ellas ven a todo el mundo. Ellas, nosotras, las que nos sentamos a leer, o a escribir, en un banco en el rincón más frío de la ciudad.



Ya me estoy liando otra vez.



Con alguna te habrás cruzado alguna vez. Lleva Melancolía tatuado en el iris de ambos ojos. Igual habla mucho, habla poco, sonríe todo el rato o jamás la has visto sonreír. Pero eso no importa, porque lo peor lo lleva dentro, lo más terrible, lo realmente devastador está de rostro hacia dentro y más precisamente en la guerra corazón-mente que suele librar.



Pero, por favor, no olvides una cosa.
Te fuiste a fijar en la única chica que, al ver esa sonrisa poco sincera en tus labios, decidió que quería hacerte feliz. La única que realmente se dejaría la piel, los versos y toda la tinta de los diez bolígrafos de su estuche en ello.



No le rompas el corazón (más).
Por favor.


miércoles, 27 de noviembre de 2013



Errante

Apática mirada la suya, 
sabiéndose temporalmente derrotada 
por el mundo exterior. 

Observaba 
los ajenos labios 
desde lejos, 
consciente
de no poder siquiera 
rozarlos.

"Tu boca era mi hogar" 
susurra algo en su interior. 
"Ich habe Heimweh"*

El Dolor se extiende. 
Hace arder sus helados dedos, 
sus frías mejillas, 

cuando esos amados labios
 besan a unos terceros.



Los monstruos van saliendo 
de debajo de la cama 
cuando cae la noche 
entre sus sábanas. 

Ahora se sienten más 
á l g i d a s , 
i n h ó s p i t a s , 
v a c í a s .

El agua cálida de la ducha 
traspasa sus venas, 
inundando su corazón 
hasta hacerlo estallar en lluvia. 

Rompe a llorar, 
se quiebra; 
se dobla 
cual 
papel 
mojado 
abandonado 
en 
una 
tormenta.

Amanece en sus ojos 
y en su interior. 
Se levanta; 
ha despertado 
en el sueño de una bañera. 

Poniéndose la armadura, 
se seca los ríos del cuerpo
y sonríe a la figura del espejo; 
da la bienvenida a su yo errante.



Nota:
No busques rima. No busques más.
*"Ich habe Heimweh": Tengo nostalgia, añoranza. Se dice cuando se refiere a añorar tu hogar.


domingo, 17 de noviembre de 2013



Despedida por cuestión de humo, o Tiempo

Necesito tiempo para escribir un libro. Y para vivir, como tú vives cada cigarrillo que se consume entre tus dedos. Pero yo no soy así... Yo no puedo fumar un cigarrillo y olvidarme del mundo. Soy una de esas (pocas) personas que necesitan que el mundo se olvide de ellas para poder soltar todo el peso que llevan en sus débiles espaldas. Las hacen fuertes a base de responsabilidades, de ocultar ojeras y fingir sonrisas. Pero son gentes infelices, o quizás incompletas, insatisfechas. Yo me denominaría inconformista, y quizás por eso no pueda quedarme contigo.

Porque no puedo, simplemente, echar un polvo contigo e irme. Sin más, como si no te hubiese escrito en mi cuaderno de hojas pálidas con ese bolígrafo de tinta morada. Morada, pero no cursi. Porque las chicas cursis dibujan corazoncitos junto al nombre de esa persona especial. Yo narro en verso todas las malas noches que he pasado por tu culpa.

Tal vez no sepa vivir de otra manera. Tú a tu cigarrillo, y yo a mis versos. Igual debería saber elegir bien, y buscar a alguien que tenga más cariño a mis palabras que el que les tenías tú; las he visto tiradas bajo la cama donde fingías que me hacías el Amor aquella tarde fría, cogiendo polvo. Las he rescatado, junto a mi sujetador negro, mi favorito, y las mil y un historias que iba a contarte (como si fuese Sherezade, y sólo dejase el cuento sin final cada anochecer para poder despertar entre tus sábanas un día más...).

¿Cómo empezó todo esto?
Ah, sí.
Necesito tiempo para escribir un libro, uno con pocas páginas, pero de los que se quedan en el corazón de las personas y no se van. Una novelucha para leer en la esquina de un bar con el ambiente bañado en alcohol. Igual necesito tiempo para escribirme a mi, y no a ti.

Lo (único) que tengo claro, es que tú no eras para mi.


lunes, 11 de noviembre de 2013



Antología de los rotos

Todas las cosas rotas de esta ciudad.
Todos los corazones rotos
si podemos considerarlos cosas
que caminan sin rumbo fijo 
con sus cortes a cuestas.

Con las miradas rotas
en los labios que no saben
del Dolor.
Con la agonía interminable
de las manos que sueñan
con las agujas del reloj
más alto de la ciudad.

Con los cuerpos que piensan
en séptimos pisos...

Todos esos humanos rotos,
con su Amor hecho pedazos,
y la Melancolía rozándoles el alma...

Todos esos rotos.
Y el Miedo en sus ojos.


sábado, 9 de noviembre de 2013



Autodestructiva

Aclaración:
Aquí no busques rima,
sólo es un poco de
autodestrucción.


Autodestructiva, 
me acurruco entre las sábanas corazón en mano,
manchando de la cama la blanca cobertura.
Está manchado de barro y despecho, 
de historias viejas que al parecer divertido han encontrado
saltar de su escondite en el momento más doloroso del día.


Me quedo completamente quieta, y sin embargo, 
por dentro no hay nada inmóvil; 
no brotan las lágrimas, no llega el llanto,
todo se derrumba nuevamente.

Yo, espectadora habitual de esta escena de teatro 
casi clásico, 
me mantengo impasible.

Todo lo impasible que puede mantenerse alguien
 que se desangra por momentos, 
cuyos muros caen y sonrisas mueren.
Todo lo impasible que puede mantenerse alguien.

(Y el telón se niega a caer)

Me muevo, 
tratando de cobijarme bajo la manta, 
esconderme de los ojos de este mundo 
que parece querer atarme, 
asfixiarme y torturarme al mismo tiempo. 

El lienzo de la cama comienza a estar teñido de tinta. 
El exterior grita algo incomprensible para mi. 
(A veces creo que los habitantes de la Tierra y yo
 hablamos un idioma diferente, pensamos un Dolor distinto)

{En esos momentos me escondo}

Y aparezco en un andén,
veo los trenes pasar.
Vivo (muero) con el miedo
de que mi billete no me permita
a ninguno subir,
en ninguno 
unos desconocidos labios besar.


(Idea de un autorretrato)

miércoles, 6 de noviembre de 2013



Un precipicio y unos aullidos errantes

Las letras más sinceras se escriben en estado de frustración, 
con intenciones de sacar de tu interior todo lo que no puedes permitirte decir frente a los demás. Quizás te ayude a entender este Caos de pensamientos 
el saber que lo escribí en un momento de frustración durante una clase, 
donde no podía levantarme ni llover...

La peor Angustia es la que no se puede liberar. La que te apresa la garganta como un lobo rival. Aprietas los labios con clara intención de contener lágrimas, furia y palabras.
El borde del precipicio se ve sin duda más hermoso a punto de romper a llover, con nubes oscuras que tiñen las gamas de la desesperanza de un piano triste.

Saboreo la lúgubre música que se filtra entre mis costillas. La desolación que asoma por mis ojos es perfecta para ser capturada o retratada por un poeta. Los colores me susurran "salta" y suenan extrañamente a su voz. Puedo oler su presencia y noto unas manos en mi cintura: Las del viento.

Conozco a tantas almas errantes que me he vuelto peregrina del propio río de la tinta que sangro. Mis pupilas no ven: Observan, en silencio, algo que está profundamente hundida ciudad asentada en mi interior.

Mis cuerdas vocales aúllan a un mundo para el cual nunca estuve hecha. "Quién soy" me repito. "Nadie" responde esa voz en mi cabeza, arañándome los labios al salir.
Hablan de escritores sin haber sentido jamás el Nirvana mientras la tinta fluye sobre el papel. De Inspiración sin que les haya visitado de madrugada. Del Dolor cuando no brotan las palabras...

¡Qué bien se les da hablar por hablar! Y que todavía sea patente mi filantropía, yo, rodeada de misántropos que se lamen las heridas de sus antiguas y humanas guerras.

He rozado mis venas con los dientes de un lobo, con el filo del folio, con las lágrimas de un fénix. He vivido a base de magia inyectada directamente a la arteria aorta y me han asesinado unos crueles chutes de realidad –dicho de forma vulgar–.

Discuto con el planeta en susurros que no se oyen entre sus gritos. La frustración no cabe entre mis labios y mis párpados cuando salgo a respirar su fría normalidad. Sólo quiero refugiarme en los brazos de mis letras, que me aman cuando nadie más se atreve, cuando me tiemblan las manos, la voz y todo mi ser. Cuando no soy yo, cuando muero  unos segundos de Tristeza.

Aquel día (hará ya varios ciclos lunares) le dije "rómpeme" lo más sincera que pude ser. Me rompió, y no he dejado de escribir desde entonces, amando y sangrando a golpes iguales.

¿Una de cal, otra de arena? Yo lo llamaría "una de Dolor, ni media de Paz".


martes, 5 de noviembre de 2013



A los Poetas

La Luna es una sonrisa,
un guiño a los insomnes habitantes de la Tierra.

La Tierra es una esfera,
un mundo para los escasos soñadores de la Naturaleza.

La Naturaleza es un saludo,
una bienvenida y unas señas,
unos labios que besar para los pobres y solitarios Poetas.

Y los Poetas son un Todo
que roza artísticamente la Nada.

Son las rimas que algún día
llenarán de Luna, Tierra y Naturaleza
la Tristeza, eternamente medio vacía.



domingo, 3 de noviembre de 2013



Caos y rascacielos (Colaboración)

Colaboración con @Karbono_ (negrita)
Mi texto aparece en letra normal
Improvisaciones



Dos ojos, dos manos, un propósito.
Desparpajo de mis dedos, insólito.
Timidez de los tuyos, arrítmicos.
Los nervios incapaces de ser cínicos.



Los labios, nerviosos, sin ritmo
buscando en manos ajenas el delirio
de acariciar el corazón, tan solo, tan tímido.

Los suspiros tan leves, prohibidos.


Rascacielos de ritmo y de líbido.
Donde retumban murmullos cual cánticos.
Donde hacen eco sollozos caóticos.
Donde supuran heridas en tránsito.



Los orbes del Caos sonando
las lágrimas caen rimando.
Con el motor de su vida en mano,
recordando (falsos) amores pasados.



Volviendo a recordar arañazos apabullados, 
viviendo, sintiendo (sangrando...)
Su mirada es tan bonita que se la llevó Caronte,
Llego a ellos  si avanzo hacia el horizonte.



Sin recuerdos, respirando, en vano.
Las verdades afloran 'al pasado'.
Se encontraba, ella, soñando,
en el séptimo piso de un alto.



Si en la noche suenan sus gemidos se autodenomina arte.
Como salir del coma y suicidarte...
Como palpar con las yemas sus rasgos y llorar el mundo porque no entiendes su braille.



Oye al viento susurrarle
las historias de las que ya no forma parte.
Y le grita con silencio a los gigantes
que ellos, rascacielos imponentes, la ayuden a levantarse.
Le ignoran, ya nadie es suficiente.



Se encuentra en el abismo, no paracaidas,
en parapente.
Sin dos dedos de frente...
Porque ya echó demasiadas manos.



Salta, creyéndose ángel,
sus demonios se burlan, vuelan por delante.
Obscuro el suelo se vuelve,
le tiende la mano la Muerte.



Las puyas que se lanza a sí mismo, no le protege ni el kevlar.
Quizá dé mucho que hablar...
Sobre él se levantan nubes y tesis negras...
De las que llegan a enamorar.



Vuelve, sin vida, sin alma,
a recuperar sus versos
(echados en falta).
La locura de la mano la arrastra, ella, a quien con besar sus labios le basta.



Sigue buscando enderezar su existencia...
Siguió mil rectas pero siempre acaba en curvas.
Su mirada es la antagonía completa de una rumba, 
se parece más al vaivén de una mantis.



Con un ósculo el pacto lo cierra,
en la barca de Caronte te espera.
Que tu vida a perder echas,
por seguir de sus labios la estela.



Dejando secuelas, condicionado por espuelas...
Echando de menos tus yemas...
Echo de menos las mañanas...
Desesperando sexo en su cama.



Un corazón dibujado y un viajero siempre nómada

Las alas de un búho me abrazan
con la tranquilidad de una noche tan gélida
como eran sus palabras por aquel entonces,
cuando eran dagas cortando la vida con la parsimonia de un caminante ausente.

Viajero por mis recónditos secretos
que en la curva de una (media) sonrisa tímida encontró hostal.
Viajero bohemio y nómada que en el catre de la izquierda
una bala olvidada se decidió a disparar.

Con la solitaria sensación de abandono entonces,
iba dibujando yo entre mis pálidas sábanas
las estrías que componían el perfecto trazado
del corazón huérfano al que llevaban las ya bosquejadas venas.

Vuelve, vuelve, insensible loco que me llena las cuerdas vocales
de tierna amargura.
Vuelve, vuelve, con tus verdades a medias y tus mentiras a pares,
a esbozarme en tinta la boca.

Cuando escribo entre las alas de la nocturna fiera
de ojos ámbar y garras en el pecho hundidas
sólo lacro los pórticos de mis orbes
y dejo deslizarse por mis labios ciertos versos de las penas caídos.
martes, 29 de octubre de 2013



Cuidado, esto son aullidos, no Poesía

Cuidado, esto son aullidos, no Poesía.

Ven, siéntate a mi lado y alza la cabeza; 
que se marque la nuez en tu garganta, 
abre las fauces y aúlla 
como si no hubiese mañana. 


No temas a que te oigan, 
a que nos escuchen lanzar indirectas
a la Luna para que baje a dormir 
esta noche entre nuestras sábanas. 

Sí, te estoy invitando 
a que seas mi lobo 
y ser tu loba, 
porque aquí y ahora es siempre
buen momento y lugar.

Enreda tus dedos en mis rizos,
devórame la boca en un intento 
de acallar unos aullidos lastimeros 
que dañan la integridad de la Luna 
con mi imposible inestabilidad. 

Ven, 
que te rimo contra la pared 
en todas las métricas posibles, 
populares y cultas; 

que se va a acordar la Poesía 
de esta noche 
porque de cuerpos desnudos y lobos va la historia.

Ven. Esta noche es perfecta para 
estar loco, ser un lobo,
ser una loba, una loba loca.
Ven. 
Esta noche es perfecta para ser
sólo tú y yo.
lunes, 28 de octubre de 2013



El alba

Por las mañanas, a parte de un café, necesitaría
compartir los "he pasado una noche de cine (de miedo)"
con alguien que me robase un beso.

Que mis sábanas amaneciesen enredadas en otro cuerpo
que no sea el mío, que sea el suyo.
Que sus besos de 'buenos días' sepan a
todo lo que no pude 
o no quise tener.

Con el amanecer, quiero sentir la ataraxia
de rozar él con sus dedos mi espalda desnuda
y poder lamer, cual loba,
las palabras que caigan de sus labios.

Poder ser su lienzo
y sus manos el pincel;
ser su mármol
y sus uñas el cincel.

Que mis orbes apesadumbrados encuentren en otros
el refugio que no buscaron en los propios.
Todo es cuestión de Tiempo,
de Cronos,
el que esté aquí conmigo
el salvador de mis delirios.

Y puedo seguir despertándome sola,
todas y cada una de las mañanas con todo el dolor de mi ser;
amanecer entre la sangre 
de las heridas que en su día no cerré.
 

Plantilla hecha por Living a Book.