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miércoles, 16 de octubre de 2013

Filosofando sobre la idea de belleza de Platón

"Nos gusta algo porque es bello, y no es bello porque nos guste." – Platón

Cómo una frase tan sencilla puede significar tantas y tan pocas cosas a la vez. Implica la subjetividad de la belleza y a la vez su objetividad. Se supone que tengo que sacar algo en claro y lo único que puedo sacar en claro es que hay belleza en todo, hasta en lo aparentemente más oscuro del mundo. A pesar de las miradas tristes la belleza está en el fondo de todas las pupilas.

En un principio podemos entonces sostener que en todo hay belleza, pero que cada cual ve el mundo a través de su propio cristal por lo que no todos ven en las mismas cosas belleza. Dependiendo de cómo hayamos sido educados o cuáles sean nuestros gustos veremos más o menos bello un objeto u otro, una persona u otra, un animal u otro.

Por lo tanto, algo no es bello por el cristal, sino que lo es por si mismo. No podemos hablar de una belleza subjetiva si queremos hablar en términos universales pues no existen cosas bellas y cosas feas. 

Resumiendo –antes de liar más este muelle en el que me he dispuesto a jugar creyéndome sabedora de algo cuando realmente no sé nada– todo es bello y no todos pueden ver tal belleza en todo. Por eso, nuestra mente selecciona (aunque a veces la sociedad seleccione por nosotros) unos cánones de belleza que son a los que nos atendremos a la hora de llamar a algo o a alguien 'bello' o 'bonito'. 

Ciertas cosas son bellas aunque sean pocos los cristales con los que se pueda percibir su belleza, puesto que, como dijo Baudelaire, en los lugares huérfanos y abandonados sólo el filósofo, el poeta o el escritor encuentran la verdadera belleza.
viernes, 30 de agosto de 2013



Inspiración, la llaman.

La brisa me saluda por las mañanas, silenciosa a la vez que ruidosa, cual antítesis en una obra de poesía. Hace frío, y se nota a la par que entra por la ventana. En ese momento me planteo si debo cerrarla o dejarla abierta, si dejo que me invada o la echo fuera. Me decido por la segunda opción en un intento de valentía que consiste en sacar los pies de mi cálida cama, pisar el frío suelo y caminar, de puntillas, hasta la ventana y cerrarla con un golpe fuerte, cómo no, pillando la cortina, teniendo que abrirla de nuevo y cerrarla más cuidadosamente.

Sin embargo, esa brisa no viene siempre y no todas las veces me susurra lo que hoy me ha susurrado al oído. "Escribe", me ha dicho. Con esa convicción a la que es imposible negarse, porque los escritores y las escritores, los Artistas, sabemos que se llama Inspiración y que, aunque muchas veces tenga que encontrarte trabajando, otro día te viene a buscar de forma gratuita –como ese amigo del que no sabes nunca nada y te llama de imprevisto– y te anima a hacer Arte.

Supongo que por eso estoy aquí, silenciosamente encerrada en mi habitáculo, ese que pocas veces está a oscuras para no abrirle la puerta a mis Miedos y sacar a Oscuridad. Sí, ese cuarto de mi casa con la pared pintada del mismo azul que el cielo en Verano o Primavera... Por esa razón, por la imprevista visita de Inspiración estoy escribiendo.

Pocos podrán entender la sensación de estar creando cuando realmente crees en ti y crees en lo que estás haciendo. Y es que hace poco yo no creía en mi pero me esforzaba en seguir escribiendo, pues sabía que tarde o temprano llegaría este día; el día en el que ser Escritora (y esa mayúscula, que va a juego con mi reciente Ego, es intencionada) fuese más que un simple sueño para pasar a ser mi realidad.

Esta vez, nada ni nadie podrá vencerme; tengo pluma en mano, tinta en sangre y el folio como aliado. Tiembla, mundo.
miércoles, 8 de mayo de 2013



"Si me enamoro."

No me olvides, mundo. No me dejes en el camino, no me abandones de sonidos de música. Escuchando rap mientras escribo letras que no sé si son mías o suyas. Sin lágrimas, ya no lloro, ¿Pa' qué? La música que me enseñaste, los dedos que me hicieron escritora. Estoy volviendo a escribir con y sin sentido, a quién le importa. Seré grande, y entonces ya veremos quién puede a quién, mundo.

Todos los que me habéis querido hundir, siento deciros que no es tan fácil. Que no os saldrá así nunca más, porque suficientes razones tengo yo para hundirme, pero tengo el doble para subir a flote. Voy a ser la luz que ilumine corazones.

Y recuérdame, mamá, si me enamoro, que no abra mi corazón del todo.
lunes, 29 de abril de 2013



"Un chocolate caliente, por favor".

Suena el despertador, antes incluso de lo esperado, antes incluso que el del resto del hogar. Mis ojos se han abierto rápidamente, como si no estuviese durmiendo. ¿Acaso lo estaba? Han parpadeado varias veces, mirando la hora que era. Sí, estaba bien, eran las seis y cuarto. Mi cuerpo se ha estremecido suavemente, notando el frío que venía desde fuera al apartar una de las mantas. Sin embargo, me obligué  a mi misma a salir de la cama.

Llego al baño y no puedo evitar hacerlo, mirarme a los ojos, para ver unas ojeras aún más marcadas bajo ellos. ¿Pero cómo...? Si he dormido las reglamentarias ocho horas, y no he trasnochado este fin de semana. Quién entiende. Lentamente, mis ojos han desnudado emociones y cuerpo, y mis pies se han puesto sobre el frío metal de la balanza. Miro hacia abajo, y los párpados caen suavemente. Ningún gesto de sorpresa, como si ya me lo esperase... De vuelta a mi cuarto, miro la pared blanca y sé que así me siento yo. Pero.

Los apuntes en la mesa, el ordenador...Un vistazo rápido, pero no hay nada que capte mi interés. Me doy cuenta, al volver entre las mantas con los libros en la mano, que casi tengo el frío dentro, porque por mucho que me arrope sigue ahí, como un estorbo constante. Suspiro, empiezo a leer. Filosofía, quién la entiende a estas horas. No se dan cuenta de que yo vivo en mi propio mundo, que mi Filosofía es distinta a la de todos los demás.

El estómago me ruge. ¿Hace cuanto que no como? No tanto, de verdad. Desde la cena, aunque fuese poco. Noto la boca seca, y me acuerdo de una escena en particular. "¿Mañana madrugas? + Sí, a las seis y media..." y sé que a las seis y media habrá un Nesquick caliente, una taza humeante bien cargada, sobre mi mesa. Y sonreiré y. Ese beso de buenos días. Pero esta vez no hay taza, sólo hay frío y la lluvia sonando sobre el tejado.

No ser capaz de concentrarse. Leer y no entender. Ya qué más da. Alea iacta est. La suerte está echada... 

Buenos días.
 

Plantilla hecha por Living a Book.