"Nos gusta algo porque es bello, y no es bello porque nos guste." – Platón
Cómo una frase tan sencilla puede significar tantas y tan pocas cosas a la vez. Implica la subjetividad de la belleza y a la vez su objetividad. Se supone que tengo que sacar algo en claro y lo único que puedo sacar en claro es que hay belleza en todo, hasta en lo aparentemente más oscuro del mundo. A pesar de las miradas tristes la belleza está en el fondo de todas las pupilas.
En un principio podemos entonces sostener que en todo hay belleza, pero que cada cual ve el mundo a través de su propio cristal por lo que no todos ven en las mismas cosas belleza. Dependiendo de cómo hayamos sido educados o cuáles sean nuestros gustos veremos más o menos bello un objeto u otro, una persona u otra, un animal u otro.
Por lo tanto, algo no es bello por el cristal, sino que lo es por si mismo. No podemos hablar de una belleza subjetiva si queremos hablar en términos universales pues no existen cosas bellas y cosas feas.
Resumiendo –antes de liar más este muelle en el que me he dispuesto a jugar creyéndome sabedora de algo cuando realmente no sé nada– todo es bello y no todos pueden ver tal belleza en todo. Por eso, nuestra mente selecciona (aunque a veces la sociedad seleccione por nosotros) unos cánones de belleza que son a los que nos atendremos a la hora de llamar a algo o a alguien 'bello' o 'bonito'.
Ciertas cosas son bellas aunque sean pocos los cristales con los que se pueda percibir su belleza, puesto que, como dijo Baudelaire, en los lugares huérfanos y abandonados sólo el filósofo, el poeta o el escritor encuentran la verdadera belleza.


