viernes, 2 de agosto de 2013

“Supongo que me has decepcionado."

Ese teatro abandonado está hecho para albergar las más bonitas y tristes bistorias. Infinitos relatos guardados entre las rojas – aunque descoloridas – butacas... ¿Puedes recordarlo? Los aviones de papel y aquel vestido blanco, veraniego, traen recuerdos. Tal vez para ti ni siquiera ocupe espacio entre tus pensamientos.

Sin embargo, yo, que vivo entre recuerdos cuando las personas fallan, tengo en alta estima esta imagen de ese escenario de madera. Ese lugar imaginario resulta tan mágico que creé para una noche de oscuridad, fría, resulta tan perfectamente apropiada para invitar a entrar en él a una nueva musa.

¿Sabes cómo de difícil resulta esta decisión para mí? Supongo que no. En mi pequeño santuario no puedo dejar entrar a cualquiera – aunque tú has demostrado ser tan poco digno de haberlo visitado... –  y por desgracia con el tiempo he aprendido a guardar un poco los sentimientos dentro de mi enamoradizo corazón para evitar que me lo rompan.

No quiero dejar de ser la pequeña e ingenua escritora de la que dijeron enamorarse más de uno, no quiero dejar de ser yo. Prometí (y hay personas a las cuales no puedes defraudar) que no dejaría que la sociedad me cambiase.

¿Cómo he llegado hasta la sociedad, habiendo empezado hablando de aquel teatro abandonado?

Supongo que una respuesta lógica (tal vez sólo para mí) es que me has decepcionado.
jueves, 1 de agosto de 2013



A veces, soy sólo yo.

A solas en mi habitación, el ordenador apagado y la cama deshecha, cubierta de ropa, todo hecho un desastre, y yo sólo sé preguntarme el por qué de todo, el por qué de mis pérdidas y el por qué de mis ganancias. Y, sin embargo, no aguanto mucho rato ahí tendida en la cama, a ratos hecha un ovillo, abrazando a un peluche como si quisiese volver a mi tierna infancia. 

Tomando una decisión, he encendido el estéreo y he puesto el disco de Phil Collins played by the Philharmonic Orchestra. No puedo dudar más y lo sé, y mientras la música va invadiendo mi habitación al pulsar el play, cada vez estoy algo más segura de mi misma.

No, no soy alguien débil; puede parecerlo, desde fuera, puedo simularlo, pero tal vez todo sea únicamente una máscara más. Sé que nada es infinito – y sí, esto es un cambio radical de tema – y sé que tengo que empezar a asumirlo. 

¿Desde cuándo me rindo yo? No he dejado que nada me tumbe, no del todo, no he permitido que nada ni nadie me hunda del todo. Siempre he sido más de aguantar tempestades cual pequeña flor que no se deja arrastrar por el viento de la pradera. No fui, ni soy, ni seré – por muy típico que suene – como los demás. 


Y, a veces, soy sólo yo. 


Mamá, te prometí que nada ni nadie podría conmigo, y aquí me tienes, luchando contra el mundo, o tal vez sólo sea mi forma de verlo; no sé si aprobarías mi forma de pelear, todo lo que hago, pero te juro que me estoy esforzando como nunca antes, aunque muchas veces falle. Y tu sonrisa todavía está ahí, y cada vez que salgo a la calle te veo, y cuando abro la puerta te oigo, y cuando abro el armario te huelo, y... 
Todavía (y para siempre) te quiero.
 

Plantilla hecha por Living a Book.