lunes, 30 de septiembre de 2013

Hora perfecta para pensar en ti

A estas horas mi cerebro sólo quiere hablarme de ti y yo sólo quiero no pensar en ti; es una bonita antítesis a la hora de ser escrita mas causa cierto efecto no demasiado bueno: No duermo. Y es que cierro los ojos y escenas pasean ante mi mirada. Sueños y hechos, palabras, frases y momentos. Intento detenerlos, cerrar los ojos y poner la mente en blanco, en negro, ¡En cualquier color! Pero no parece funcionar.

Es la hora perfecta para pensar en ti, sí. Pero yo, anarquista en la más poética forma (y no política, que es  la común) no quiero pensar en ti. Recuerdos me maniatan y me amordazan a las sábanas blancas entre las cuales me escondo; las sombras en la pared quieren susurrarme en profundo silencio.

El sabor metálico de mi boca me recuerda a qué sabe la sangre, o mi tinta, quién sabe; no sé si estoy viva o muerta a estas horas. Sólo sé que no quiero pensarte. No quiero pensarte. ¿Por qué lo repito tanto? Porque no quiero. Pero no tengo elección, o eso parece.

Qué cruel situación la mía, exagerando en mi pequeño teatro lo que siento por ti. Exagerando y actuando, fingiendo (o no).


Buenas noches.
sábado, 28 de septiembre de 2013



La hecatombe de un Caos

No dirás en serio eso. No dirás en serio que ahora eres así.
Ella le miró, en silencio, con la Tristeza impregnando su mirada oscura y los labios temblándole suavemente. Se perdió durante unos instantes en el bosque de su mirada, entre los árboles tras los cuales solía jugar a ser libre, o a serlo; donde encontraba la protección que a veces necesitaba.
Es lo mejor para mi.
… 
Lo pudo ver en su mirada: Decepción. Le había decepcionado, de nuevo. Si bien ya no formaba parte de su vida, ella sólo habría necesitado un 'vuelve' para volver. Pero él no estaba dispuesto a decirla que volviese. Únicamente apartó la mirada y se dio la vuelta, lentamente. Sentía que ya no tenía nada más que hacer ahí.

Entonces, ella comenzó a derrumbarse. Lentamente. Al principio no dolía, simplemente ante su mirada veía edificios interiores derrumbándose, árboles cayendo, oía gritos, las voces en su cabeza le gritaban que reaccionase, ¡Que hiciese algo!

Entonces se desbordaron los ríos y se rompieron las presas y sus ojos comenzaron a llover sobre sus mejillas. Sus rodillas tocaron el suelo de forma que a ella se le antojó estrepitosa. Enterró la cabeza entre sus frágiles y temblorosas manos. El temblor comenzó a expandirse, como un terremoto, sacudiendo su cuerpo a la vez que el Caos interior comenzaba a dar muestras visibles por fuera: Sollozos.

Ahogados, cada vez más sonoros, iban abriéndose paso por su garganta a la par que se inundaba ella, se destruía ella.

No tendría que haber hecho aquella copia de la llave de su corazón.
Ahora sabía lo que venía:
Autodestrucción.

 

Plantilla hecha por Living a Book.